Te Deum per a cor i orquestra (1902-09), Wilhelm Furtwängler

Wilhelm Furtwängler (Berlín, 1886 – Baden-Baden, 1954) va ser director de diverses orquestres, entre elles la de Viena i la Filharmònica de Berlín. A més de dirigir concerts i òperes, va ser director convidat de tots els centres musicals i festivals importants i va dedicar gran part del seu temps a la composició; destaquen entre les seves obres 3 simfonies, un Te Deum, un concert simfònic per a piano i orquestra i dues sonates per a violí.

Els fetitxistes d’enregistraments històrics de simfonies de Mozart, Beethoven, Brahms, Brückner i òperes de Wagner coneixen bé al director d’orquestra Wilhelm Furtwängler. Forma part de tota una lliga de grans batutes alemanyes dels primers decennis del segle XX. Bruno Walter, Heinz Tietjen, Fritz Busch, Hans Knappertsbusch, Karl Muck Furtwängler va arribar a ser el gran director musical, el favorit de l’Alemanya dels anys 30. I, més en particular, el favorit de Hitler.

Es va especialitzar en obres de Beethoven, Brahms, Wagner i Bruckner. Encara que no va donar suport al règim nazi, va ser acusat de col·laboracionista, el que li va impedir dirigir la Filharmònica de Berlín fins a 1947

Te Deum per a cor i orquestra (1902-09), Wilhelm Furtwängler

MÚSICA CLÁSICA | ‘Conversaciones sobre música’

Álvaro Cortina/artícle publicat en el mundo.es

El director favorito del Führer

Los fetichistas de grabaciones históricas de sinfonías de Mozart, Beethoven, Brahms, Brückner y óperas de Wagner conocen bien al director de orquesta Wilhelm Furtwängler. Forma parte de toda una liga de grandes batutas alemanas de los primeros decenios del siglo XX. Bruno Walter, Heinz Tietjen, Fritz Busch, Hans Knappertsbusch, Karl Muck… Furtwängler llegó a ser el gran director musical, el favorito de la Alemania de los años 30. Y, más en particular, el favorito de Hitler (sería el lado morboso de presentarle).

Berlinés, hijo de un famoso arqueólogo, llegó a la cúspide de su fama ya en 1922, con sólo 36 años, cuando asumió la dirección de la Filarmónica de Berlín, sustituyendo a Arthur Nikisch. Acantilado acaba de publicar ‘Conversaciones sobre música’, compendio de entrevistas que le hizo el crítico Walter Abendroth, en 1937. El libro es una muestra de profundidad y espontaneidad de una figura de altísimo nivel, por encima de topicazos y vaguedades. Una ventana a un mundo cultural perdido e incomparable.

El compositor y director Cristóbal Halffter explica a ELMUNDO.es: “El comienzo de una obra de Furtwängler era ya un acontecimiento. Había tensión entre orquesta y público antes de que sonara la primera nota”. Por su parte, el crítico de EL MUNDO y compositor Tomás Marco lo señala como el gran referente del “estilo clásico germánico. Crea toda una sistemática de la técnica de dirigir las grandes obras clásicas austro-alemanas. Un estilo de gran densidad, menos brillante que profundo. Lo opuesto a Toscanini, que era más brillante pero más superficial”.

Variedad de temas, de Bach a Beethoven, hasta Schönberg

Furtwängler habla largamente en ‘Conversaciones…’ sobre la categoría y definición del gran clásico y del clásico menor, sobre la improvisación, sobre la música atonal, sobre Bach y Beethoven (un roble y un león, según su analogía), sobre la capacidad trágica de la poesía y de la música, sobre el público y el papel del intérprete, o sobre el concepto de “catástrofe” en Beethoven, o la oralidad de la Sinfonía Coral (la 9ª, del genio de Bonn). Y todo tipo de grandes sentencias: “Hay obras de arte que producen efecto porque quieren producirlo. Y las hay, a su vez, que lo producen por el simple hecho de existir”.

El director musical Jesús López Cobos considera: “Creo que la aportación de Furtwängler al arte de la dirección de orquesta ha sido y sigue siendo inmensa. En primer lugar y sobre todo por su personalidad, que le bastaba para ejercer desde el podio un poder casi hipnótico sobre los músicos. Cuando llegué a Berlín a comienzos de los 70 conocí músicos que habían tocado con él. Todos se referían a la citada particularidad. Pero pienso que no basta con tener carisma sino hay detrás un profesional, y Furtwängler lo era en grado sumo, como buen compositor que era”.

Compositor que dirige y director que compone

El gran director alemán compuso, entre otras cosas, tres sinfonías, un ‘Te deum’ o dos sonatas para violín. El maestro López Cobos (quien entre 1981 y 1990 fue Director General de Música de la Ópera de Berlín) cuenta: “Como Mahler o Wagner, aplicaba a su faceta de director todas sus cualidades de compositor, con lo que eso significa de mirada crítica e interpretación “subjetiva”. De hecho, las interpretaciones suyas que nos han llegado a través de los discos muestran una libertad absoluta con respecto a lo escrito. Una búsqueda continua de la trascendencia y los valores espirituales de la Música con mayúsculas”.

Uno de los temas clave de ‘Conversaciones sobre música’ es el auge de la técnica y el virtuosismo en las orquestas en detrimento del impulso espiritual. Habla Furtwängler: “Una modesta pequeña orquesta, que se ha convertido en una ensemble en este sentido, puede conseguir un efecto infinitamente mayor que la orquesta de más virtuosismo del mundo si se confía a su rutina”. Señala el peligro del arte al “volverse más superfluo en la misma medida en que es mayor la perfección técnica”. Aparecen temas como la ley de la improvisación, y el valor del gesto expresivo.

Jonathan Carr, hace referencia a Furtwängler (y a sus gestos) en su brillante libro ‘El clan Wagner’ (pues el berlinés fue un referente en Bayreuth, el templo bávaro de Wagner): “Sus técnicas de dirección, tan extravagantes como milagrosamente eficaces, un manojo de gesticulaciones y espasmos tal como si un zahorí estuviera allí, contratado para hallar un tesoro escondido tras las notas de una partitura”.

Grabaciones: antes y ahora

El compositor contemporáneo David del Puerto, explica: “El nivel de interpretación de la música sinfónica es hoy (en conjunto, entiéndase bien) el mejor de la Historia. Y no ya un Rattle, sino un Pablo González pueden, con una buena orquesta, sobrepujar casi todo lo que se puede oír por ahí en discos remasterizados». Y hace Del Puerto referencia a las viejas grabaciones (fetiche melómano): “Hay una generación de directores involuntariamente magnificada por las circunstancias históricas tan especiales que tuvieron que vivir. Furtwängler es un caso claro. Además de que su figura se prolonga, por supuesto, en la de su inmenso alumno Celibidache”.

Halffter asegura, en esta línea, que en la actualidad “se va a una mayor precisión y ejecución técnica. Los instrumentistas tocan mucho mejor hoy en día que hace 50 años”. Pero esto, según conviene con Furtwängler, no es indicativo de una mejor interpretación en conjunto. Cristóbal Halffter reconoce además la importancia de Furtwängler como difusor e intérprete de las obras de vanguardia de principios de siglo. “Cuando se conoce la tradición, como él, se pueden abrir ciertos caminos. Él conoció perfectamente a Schönberg, a Alban Berg, a Stravinsky y a Engelbert Humperdinck”.

Algunas preferencias fonográficas

Jesús López Cobos señala como preferencias personales ‘furtwänglerianas’ (¡palabro!), “sobre todo, sus grabaciones de las sinfonías de Anton Brückner, y, sin duda, su inigualable interpretación de ‘Tristán e Isolda’ con la RAI”. Por su parte, habla Del Puerto: “Dentro de mis modestísimos conocimientos fonográficos, hay un par de grabaciones de Furtwängler que me entusiasman: 2ª y 4ª sinfonías de Brahms con la Berliner. En conjunto, su estilo muy libre, tan expresivo, un tanto desmadrado, la libertad que flota en sus versiones, son algo que me gusta como oyente y… me gusta como compositor”.

Polémica nazi

En el peliagudo terreno biográfico, Tomás Marco reconoce “una cierta polémica por su condescendencia hacia el régimen nazi”. Si escribe el apellido del gran hombre en You Tube verán un vídeo del año 42, con nuestro protagonista dirigiendo la ‘Coral’ en el aniversario del nacimiento del Führer, ante la plana mayor nazi. Goebbels se levanta, le da la mano y Furtwängler corresponde (con un punto de bordería, todo sea dicho). Fue objeto de más de un ataque en prensa en el periodo de desnazificación de la posguerra (de Thomas Mann, por ejemplo).

Pero Furtwängler nunca fue del partido (como sí lo fue el joven en alza Von Karajan); ni, al parecer, estuvo cerca de serlo. Los interesados pueden ver ‘Requiem por un imperio’, de István Szabó, película que trata el asunto (el actor sueco Stellan Skarsgård se parece mucho a Furtwängler).

Habla Jesús López Cobos: “Sin duda Furtwängler vivió circunstancias muy difíciles y creo que es muy injusto hacer un juicio superficial sobre su conducta en dichas circunstancias. La verdad es que su máxima suprema fue servir a la música y defender a su orquesta. El sintió íntimamente esta misión de salvaguardar el papel preeminente de la Filarmónica de Berlín en la vida cultural alemana. Para ello seguramente tuvo que hacer concesiones dolorosas y con toda seguridad pagó por ellas después de la guerra, hasta su vuelta al podio de su querida orquesta”.


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